Editorial – Pantallas y bienestar emocional

Raquel Rubio, jefa de sección del Espai Salut Mental

El creciente abuso de pantallas en nuestra sociedad está provocando un serio debate sobre su impacto en la salud mental de los usuarios. En las últimas semanas, comunidades de padres y madres, maestros y educadores/as han mostrado su preocupación por la forma en que debe abordarse esta nueva realidad. El debate gira en torno a si se debe retrasar el acceso de los jóvenes a los dispositivos con pantallas o, si, por el contrario, debe educarse para una mejor gestión en el uso de estos dispositivos.

A los/las profesionales de la salud mental nos corresponde evaluar qué impacto tiene en la salud mental la utilización de las pantallas. Ya sabemos que un uso abusivo puede generar impactos negativos en el bienestar emocional de las personas. Existe evidencia científica de cómo la exposición excesiva a las pantallas -accesibles las 24 horas del día y 7 días de la semana- puede fomentar problemas de salud mental como la ansiedad, la depresión o los trastornos del sueño.

La sobreexposición a las pantallas puede aislar a sus usuarios, reduciendo las relaciones sociales personales, esenciales para el soporte emocional y sentimiento de pertenencia a un grupo. Además, el uso compulsivo de las redes sociales puede contribuir a una constante presión para compararse con los demás, generando una imagen distorsionada de la realidad y aumentando los sentimientos de inseguridad y ansiedad. También la presión por mantenerse conectado y actualizado puede generar un sentimiento de culpa, si la persona no lo mantiene, que afecta directamente a la autoestima y confianza en uno mismo.

Los niños y jóvenes, en particular, pueden ser más vulnerables a ese impacto negativo. Aunque las pantallas ofrecen oportunidades educativas y de conexión social, es crucial establecer líneas directivas para su adecuado uso. En este sentido, el apoyo familiar y educativo es fundamental para enseñar habilidades para gestionar su uso y mantener un equilibrio entre la vida digital y la vida cotidiana. Establecer pautas de tiempo saludables y prácticas de desconexión digital en nuestro día a día servirá para preservar nuestro bienestar emocional. Fomentar actividades fuera de las pantallas puede resultar beneficioso para la salud mental, ofreciendo la posibilidad de establecer relaciones con los demás y la conexión con el mundo real.

El papel de los/las profesionales de la salud mental es fundamental para entender, tratar y prevenir los efectos negativos de esta sobreexposición digital. Los/las profesionales tenemos el reto de seguir investigando al respecto, así como desarrollar acciones de sensibilización a través de charlas, artículos, y otras formas de divulgación, y ofrecer orientación sobre la importancia de cómo hacer un uso más saludable de las pantallas.